enero 26, 2007

Segunda Mano sucia


manosucia es la mirada
del spleen que en secreciones enferma ,
mirada rubicunda sola y extensa,
Baudelaire perseguido por su pasión insurrecta.

SPLEEN (IV)

Cuando el cielo bajo y pesado como tapadera
Sobre el espíritu gemebundo presa de prolongados tedios,
Y del horizonte, abarcando todo el círculo,
Nos vierte un día negro más triste que las noches;

Cuando la tierra se cambia en un calabozo húmedo,
Donde la Esperanza, como un murciélago,
Se marcha batiendo los muros con su ala tímida
Y golpeándose la cabeza en los cielorrasos podridos;

Cuando la lluvia, desplegando sus enormes regueros
De una inmensa prisión imita los barrotes,
Y una multitud muda de infames arañas
Acude para tender sus redes en el fondo de nuestros cerebros,

Las campanas, de pronto, saltan enfurecidas
Y lanzan hacia el cielo su horrible aullido,
Cual espíritus errabundos y sin patria
Poniéndose a gemir porfiadamente.

—Y largos cortejos fúnebres, sin tambores ni música,
Desfilan lentamente por mi alma;
a Esperanza Vencida, llora, y la Angustia atroz, despótica,
Sobre mi cráneo prosternado planta su bandera negra.


Artificio e inutilidad en el objeto, falsificación y actos gratuitos en el sujeto son las dos caras de la misma moneda. El sujeto perfecto será un ser extravagante y distinguido que fijará para siempre la tipología de lo que se conocerá como el artista; el objeto perfecto, no puede ser otro que el Ideal, el objeto artificial e inútil por excelencia, ese espacio mítico que Benjamin define como "fuerza del recuerdo" en contraposición a la realidad física del tiempo. Pero la forma de este Ideal puede adoptar en Baudelaire muchos rostros, pues se trata de una abstracción polivalente: en su correspondencia y en sus escritos íntimos, Baudelaire habla incesantemente de salvación, busca esta salvación aunque no sepa muy bien de qué quiere salvarse, de manera que esta nueva forma del Ideal en su progresiva descomposición

No hay comentarios: