Hace varios años ya -que facilidad la del tiempo para sorprendernos en medio de nuestras esperanzas y arrasar con todo- pensaba que el mundo se acabaría un martes. Recuerdo que fué una mañana de martes en que recién abria mis ojos al mundo que ya me esperaba para producir cuando llegó a mi la leve impresión de un fin no tan lejano para distraernos ni tan cercano para estallarnos. El mundo se acaba un martes. Hoy más que nunca lo se. No se trataba entonces de un fin producido por cataclismos en la "ribera de la noche plutónica" ni se trata de ello ahora. Se trata de un fin para el mundo, no para la tierra, de un fin que cae con gracia sobre cada una de nuestras conciencias sepultándolas, aplacándolas, ignorándolas, matándolas. Y se trata de un fin que permanecerá sin permanecer, que arrasará todo con la brevedad de las sutiles pestes que se incuban y no destruyen a su portador por que necesitan garantizar su existencia como plagas. Estará ahí, está aquí, desde hace mucho y día tras día las mentes sucumben ante sus síntomas sin conocer sus causas.
Aún "Creo que soy una visión de algo o alguien, o soy más que lo que realmente pienso ser. A véces me pregunto si realmente estoy vivo, o es que simplemente ya morí y mi vida de sueño prosigue con un ir y venir casi perfecto y eterno.
El techo ahora negro por las penumbras que recreo con mis cortinas, en el espacio vital en que vivo, se muestra ante mí esquivo y más que nunca egoísta. Algo suena dentro de mí al mover las articulaciones, creo que es el dolor de saber que se me oxida cada partícula de energía vital que impulsaba cualquier clase de movimiento, me siento, respiro de nuevo, me transformo en el pasado que aún revolotea en mi estómago y que jamás, ni muerto se va a ir, así sea lo que yo más quiera. Me veo abandonado en mi iglesia, ante mi templo, con mis libros y el colchón sobre el suelo, me pierdo en mi misma intriga, quedo perplejo ante tanta belleza, ante lo que mi propio espacio me puede brindar. Me convierto en un idiota con en el sonido de la cobija cubriendo mi cuerpo, es un sonido bastante extraño, no se podría definir, pero se parece mucho al que provoca el viento sobre el campo. Igual es otro sonido sin nombre, el mundo vive lleno de esto, de cosas sin nombre en apariencia con nombre, nada más superficial que las cosas que esperan una mentira que al pasar de los años y el tiempo, se vuelvan verdades por tanta absurda y constante repetición.
Sigo, camino, no me detengo, voy con un ritmo ensordecedor, veo aparecer rostros frente a mí para ser destrozados por una mano que se pasa constantemente por encima de todos para tratar de despertarnos de este sueño en el que vivimos constantemente. Golpe tras golpe me reconstruyo, me desheredo, pero me enriquezco con la poca sabiduría que queda capaz de engendrar en mi energías que subyacen y a la vez sustituyen los gritos del viento encontrado, la calma de un ave es transformada bajo los cielos azules por un lapicero que no deja de dibujar las lágrimas de sangre que caen de él. Las promesas se rompen, los delitos también, la calma se abandona al compás de una pequeña sinfonía que tus ojos tratan de recobrar a la medida del mar inmensamente poblado de cada uno de los constantes recuerdos."
El mundo se acaba el martes. Bogotá 2001
Lamanosucia son todas las manos; construcción de palabras en la virtualidad de lo inexistente.
enero 31, 2009
enero 24, 2009
Decimoquinta manosucia
En las noches la muerte me persigue.
Su hálito está más cerca que mis propios estertores. Me ahoga. Sofoca. Embriaga. Y no hay solución alguna, todo es tan cercano y real que siento la muerte que muerte es para mi viniendo como galopantes aguas desbordadas que me inundan y me acogen en su lecho de miles y silenciosas palabras.
Su hálito está más cerca que mis propios estertores. Me ahoga. Sofoca. Embriaga. Y no hay solución alguna, todo es tan cercano y real que siento la muerte que muerte es para mi viniendo como galopantes aguas desbordadas que me inundan y me acogen en su lecho de miles y silenciosas palabras.
enero 17, 2009
Decimocuarta manosucia - Pensando a Pessoa-

AUTOPSICOGRAFÍA
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.
Fernando Antonio Nogueira Pessoa
Persona como Pessoa, silencio frente a la aurora. Conciencia solitaria pensada como fenómeno, relente de la cultura avasallante que abarca los espacios mas ínfimos del individuo, individuo que son dos, individualidad compartida, tumba solitaria de la que poco se puede saber, eregida como morada de la reflexión de un hombre que a su vez era muchos hombres todos entrelazados por la comunión de su mismidad. Agolpado, aturdido por el traqueteo constante de las rocas sobre los tejados de barro y zinc, desde los puertos donde el mar se ofrece como delirio de los soñadores, sus pasos trajinaban anclas y dudas de la sombra misma, sombra que llega como la existencia y se decanta sobre cada manosucia posible que logre saber que es, que ella es.
Y sin más, sin saber que se es, ni que es el es, no pudo el cielo contener lo que era su ser. Muchos hombres, diferentes seres, multiplicidades del yo, vanalidades del yo. Vida convulsaexcitadaalteradaagitadacrispadaconmocionadatemblorosatrémulafrenética definida como la univocidad de la multiplicidad que finge que es, sin saber que es.
"Absorto e incierto/y sin conocer,/floto en el mar muerto/de mi propio ser./Me siento pesar/porque agua me siento.../Te veo oscilar,/vida-descontento.../De velas privado.../La quilla virada.../El cielo estrellado/frío como espada./Soy cielo y soy viento.../Soy barco y soy mar.../Que no soy yo siento.../Lo quiero ignorar."
enero 16, 2009
Decimotercera manosucia
Pues resulta que para evitar confusiones que son ante todo mias, porque a nadie más le importan, lamanosucia amplió su marco de referencia a manosucia. No por una casualidad, ni por un capricho de egos tecnológicos, sino por singularizar las posibilidades y hacer de lamanosucia, una manosucia que no interfiere ni indispone pues parece no contar. Con todo y sin nada.
manosucia está aquí y está allá. A manosucia sabe que a nadie le importa porque nadie lo lee y por lamanosucia está bien. No hay de que alarmarse. Esta manosucia es lamanosucia común, la de siempre donde las peroratas son más comúnes y las odas se esconden tras las escatologías de algunos sinverguenzas.
manosucia está aquí y está allá. A manosucia sabe que a nadie le importa porque nadie lo lee y por lamanosucia está bien. No hay de que alarmarse. Esta manosucia es lamanosucia común, la de siempre donde las peroratas son más comúnes y las odas se esconden tras las escatologías de algunos sinverguenzas.
enero 13, 2009
Decimosegunda manosucia
Tres puntos suspensivos. martes trece. Creo. Creo creer. Creo que creo. Divagaciones. Insania mental. Trabajar cuarenta años para terminar días aciagos frente a una pared que escucha sin balbucear y es testigo de las defecaciones que no se pueden resolver por voluntad sino por una enfermera que cuida de los últimos días de manosucias otrora reales. Trabajar para morir en una casa de retiro. Alejado de las circunstancias. Cegado a la realidad. ¿Qué importancia tiene? ¿Qué valor le queda al hombre frente a la inutilidad? ¿Recuerdos? ¿Nostalgías? ¿Quejas constantes de agilidades perdidas? ¿De facultades desperdiciadas? Es mejor morir. Cancerigenaesenciaagolpadaenrecuerdosrotosdenochesolvidadas que presencian desvanecimientos en las aguas sucias de los ríos de los que con ahínco las manosucias beben, y beben y vuelven a beber, como si el tronar de las campanas anunciara muertes por contaminación, por calefacción, por inmersión. Vivir así para qué. Y claro, existir importa, los placeres lo sustentarían, pero el sentido, el sentido que, dónde queda la importancia de los actos que sustentan el sueño nocturno. manosucia no duerme, no descansa y no halla respuestas, todo cruje, se retuerce como un gusano fuera de la tierra, fuera del cadaver que pretende transformar. Modificar, cambiar por medio de la muerte, de los olores comnunes mezclados con Co2 y la esperanza de encontrar calma en las verdes montañas que desde el armoníoso valle se ven. Peroratas de días que pierden su importancia cuando se les piensa, mentiras que construyen las verdades que nos fundamentan. manosucia no lo entiende, y no hace nada por entenderlo, vacuidad aletargada frente al binarismo que no comprendemos y del que por entero dependemos. manosucia. década. Cercano a la muerte, con todo por hacer, sin ganas de irme, sin ganas de quedarme.
enero 11, 2009
Decimoprimer manosucia
Todo hierve como flameante lava negra. Manosucia no sabía díez años atras lo que díez años después pasaría. Nada. ¿nada qué? Nada nada. Nada de nada. Nada por nada. Nada que nada, que te ahogas, que tu tiempo se va como el río que revuelca las esperanzas de los que lleva lecho abajo, como los aguandales y los humedales en los que se convierten las riveras y riberas pobladas por el forzado desplazamiento de animales, vegetación y personas de los que tantos analistas seriamente se preocupan y al final de cada año entregan su consolidado de porcentajes, cifras y resultados que según todo aquello que se hace -de cualquiera de las maneras- sirve para comprender el problema y concientizar lo inconcientizable. Nada como el nado, nada como la nada, nada como hacer nada, nada como escribir la palabra nada y arrebatarle todo su sentido, toda su carga conceptual y convertirla en un modismo, en un mero decir de palabras amontonadas y sin sentido, en eso, en nada nada nada nada nada nada nada nada nadanadanadanadanadanadanadanadanadana da na da na da na da na da na da na da na da na da na da na da na da na dana da nada nada nadana da nadana da nada nada nada nada nada nada nada.
Trivializada la palabra, despojada de la carga que los Aqueos de largas grebas le correspondían como correlato, ¿Qué buscar y en dónde hallar el sentido original de la palabra misma? Y no se trata de llevar a cabo ridiculos esfuerzos para decir que se intentó. No. no. Se trata de fundamentar el acto del acontecer, de buscarlo y reconocerlo, aprender a ver, formar en el saber, sin temores, sin restricciones. Pero claro, mucho se puede hablar y más todavía mentalmente dialogar, pero pensar es un ejercicio intelectual que poco se lleva a cabo conduciendonos a la nada, al concepto perdido, agotado, biselado, troquelado, extasiado, torpediado, robado, inutilizado, ridiculizado, desechado, ignorado, olvidado de la nada y al temblar de manos frente a lo absurdo que nos consume sonrientes deseando, idealizando, soñando vidas entregadas a la pasividad constante de un hacer que no lleva nada a cabo por la pasividad del medio que envuelve el decir como un hacer de falacias que toleramos hasta lo imposible huyendole a la soledad, a la bella y tierna, lacerante y cruda soledad. ¿De qué temer señores del olvido?¿En qué sin-sentido creer? Si no queda nada y las palabras pierden su sentido en la cotidianeidad del hacer que no hace, y no hay voluntad más que la de un borrego tras un perro ¿En qué voluntad confiar, qué fe las esperanzas guiará?
Trivializada la palabra, despojada de la carga que los Aqueos de largas grebas le correspondían como correlato, ¿Qué buscar y en dónde hallar el sentido original de la palabra misma? Y no se trata de llevar a cabo ridiculos esfuerzos para decir que se intentó. No. no. Se trata de fundamentar el acto del acontecer, de buscarlo y reconocerlo, aprender a ver, formar en el saber, sin temores, sin restricciones. Pero claro, mucho se puede hablar y más todavía mentalmente dialogar, pero pensar es un ejercicio intelectual que poco se lleva a cabo conduciendonos a la nada, al concepto perdido, agotado, biselado, troquelado, extasiado, torpediado, robado, inutilizado, ridiculizado, desechado, ignorado, olvidado de la nada y al temblar de manos frente a lo absurdo que nos consume sonrientes deseando, idealizando, soñando vidas entregadas a la pasividad constante de un hacer que no lleva nada a cabo por la pasividad del medio que envuelve el decir como un hacer de falacias que toleramos hasta lo imposible huyendole a la soledad, a la bella y tierna, lacerante y cruda soledad. ¿De qué temer señores del olvido?¿En qué sin-sentido creer? Si no queda nada y las palabras pierden su sentido en la cotidianeidad del hacer que no hace, y no hay voluntad más que la de un borrego tras un perro ¿En qué voluntad confiar, qué fe las esperanzas guiará?
enero 06, 2009
Decima manosucia
Constancia no habitual. Numero diez. Otrora sagrado, acaso no importe mucho cuando de escribir algo se trata, cuando se trata de escribir como se cree libros, nuevas biblias, dogmas en los cuales creer por miedo a perecer bajo el tormentoso valle de la realidad, donde se vive cercano, que ironía, a la podredumbre y al amor infernal que parió las esperanzas y las egolatrias de un destino que se hace pero se supone de suyo se tiene. ¿Dónde buscar respuestas a preguntas no hechas?¿Dónde está la discidencia del panadero, del tendero, del cantinero? Y claro, hay que vivir, pero vivir sin acumular hasta el sociego que llega con la muerte, de qué sirve si la tierra no distingue los siglos y las lumbres de la razón que nos dió el valor del oro y el tiempo, nos creó un paraiso que más bien parece un infierno llegar a él, condenando, señalando, sometiendo. Y ante eso qué queda, nada, y volvemos a la misma recalcitrancía, tirarle agua al ministro, un huevo al asesor, los zapatos a la estupidez como instrumentos de persuación de la dignidad. Por que la dignidad no se compra en un supermercado y si eso es todo, con ello se luchará, aunque más bien todo parezca nada. Tras eso que más. Quedan los ojos quedos y mustíos bajo el decadente descender de las sobras vivas por la llama de la vela que muere cuando el día llega. Y aparece el silencio como un amasijo del eco y de la palabra humana, como conciencia de qué es lo que se está realmente considerado al hacerlo, como fenómeno físico cuantificado en tiempo y espacio que no son en sí, sino en uno mismo. Como la música, ente inmaterial primigenio que habita en todas las cosas, en todo cuanto persiste aún a la memoria de los seres humanos. ¿Cuándo la producción a la tierra devolverá lo que ha hecho de si mismas eternidades de dióxido y lucro constante?¿qué se sabe del crudo y de la cruda realidad que darnos de comer a diarío hacen?¿Qué misteriosa sombra pondrá punto final a estas disquiciones, peroratas, ignominias del cotidiano desengaño? esa es nuestra angustia, el descalabro de la soledad que nos cae a todos como una lluvia de la que no hay escampadero.
enero 05, 2009
Novena manosucia
manosucia anda por ahí, como siempre, año tras año, día tras día escanciándose en las calles, siendo con las cosas que no son, con las que determinan, con las que no cuentan. Ahora que pasa el tiempo como siempre, es común ver a las personas afanándose por intentar buscar quíen se es, como si tal respuesta estuviese a la mano como la manosucia. manosucia no es poeta, no es escritora, no pinta, no hace música, daría su manosucia el cine y el teatro y por más que lo estudia no sabe nada, no es estudiante de filosofía, no hace historia, no tiene buena ortografía. No es nadaista. No es nihilista. No conoce el mundo más allá de lo que sus pasiones se lo han mostrado, ha sido presa de sus deseos y conoce las eternidades de la soledad en los ojos de sus hermanos, en los ojos de la miseria. Sin embargo gusta de todo, y todo lo hace mal.
Todo en la nada de esta ciudad, ciudad desconocida, ciudad poblada de angustias y desolaciones, de melancolías miríficas de mentiras escondidas, de palabrasjuntasinconexasdeabrileslejanos, de paraderos, de mierda y ciudad, de tierra, cemento y soledad.
Tenia que hacer algo para buscar ayuda, a manosucia le vino un impulso de paranoia que le abordó completamente despacio y sin afán, alterando su percepción radicalmente hasta la alucinación, no entendía ya que le pasaba, mis manos, mis manos, manosucia se repetía, sus manos se derretían, se las llevaba la tierra sin control por la ribera del río, por las palmas y el palacio rosa. Se podría decir que manosucia no tuvo razón de sí por varios días si el conciencia irreflexiva fuese fácilmente maleable, pero estuvo tirada en el pasto delirante muchos más hasta que alguien apareció y la arrastró. La llevó tirada por los dedossucios grandes metros, carecía de fuerza para alzarla, recién comenzaba a conocer sus capacidades y surgía la curiosidad por este hombre de manosucia desconocida que no llevaba ninguna marca ni identificación. La urbe inmensa que alguna vez frecuentó había interfecto, era ya preso de una circunstancia inmanejable, no estaba a salvo en ningún lugar, era una manosucia desterrada sin pasado ni presente, los que la observaban ahora ahí, inmersa en la oblonga yacija esperaban lo peor, y no era su muerte, sino el hecho de que se la llevaran hacia la transformación que se notaba no tenia y no necesitaba. No era uno de ellos, esta manosucia parecía de verdad estar viva aunque sólo durmiese.
Todo en la nada de esta ciudad, ciudad desconocida, ciudad poblada de angustias y desolaciones, de melancolías miríficas de mentiras escondidas, de palabrasjuntasinconexasdeabrileslejanos, de paraderos, de mierda y ciudad, de tierra, cemento y soledad.
Tenia que hacer algo para buscar ayuda, a manosucia le vino un impulso de paranoia que le abordó completamente despacio y sin afán, alterando su percepción radicalmente hasta la alucinación, no entendía ya que le pasaba, mis manos, mis manos, manosucia se repetía, sus manos se derretían, se las llevaba la tierra sin control por la ribera del río, por las palmas y el palacio rosa. Se podría decir que manosucia no tuvo razón de sí por varios días si el conciencia irreflexiva fuese fácilmente maleable, pero estuvo tirada en el pasto delirante muchos más hasta que alguien apareció y la arrastró. La llevó tirada por los dedossucios grandes metros, carecía de fuerza para alzarla, recién comenzaba a conocer sus capacidades y surgía la curiosidad por este hombre de manosucia desconocida que no llevaba ninguna marca ni identificación. La urbe inmensa que alguna vez frecuentó había interfecto, era ya preso de una circunstancia inmanejable, no estaba a salvo en ningún lugar, era una manosucia desterrada sin pasado ni presente, los que la observaban ahora ahí, inmersa en la oblonga yacija esperaban lo peor, y no era su muerte, sino el hecho de que se la llevaran hacia la transformación que se notaba no tenia y no necesitaba. No era uno de ellos, esta manosucia parecía de verdad estar viva aunque sólo durmiese.
enero 02, 2009
Octava manosucia
Cualquier cosa era mejor que estar aquí sentado intentando relacionar palabras que no surgen por que no eran para ser dadas. Palomino, levitó cual ave, y descendiose a la calle para discurrir su vida como debío de ser siempre. Pero no es igual el tiempo que pasado se da cuando los segundos contaban para ser vistos, era una mentira hecha vida, un instante fugaz dispuesto al cambio que no se sabe si es o acaso intenta ser. Es conflictivo el sentimiento cuando depende de tan poco para decir. Sin palabras, en el sielncio de la constante respiración, lo último que importaria sería sí mismo. No se donde estuve todo este tiempo, todo es igual, una repetición de formas que se mezclan conmigo como si fueran parte de mi como la escoba o la casa. Pero aunque persista, no lo logra.
Las cosas mantienen su distancia, aunque cosa misma sea. Creo es la disputa que realmente importa, allá y aca, este tejado, ese tejado, usted, yo, pronombres, sustantivos, palabras obstrusas que se confunden en el devenir de las avenidas plagadas de sino y música de ruidos infernales que viven y son el latir de la ciudad. No entiendo muy bien porqué hago esto, igual estoy aquí, con las palabras interpuestas.
Buena noche.
Las cosas mantienen su distancia, aunque cosa misma sea. Creo es la disputa que realmente importa, allá y aca, este tejado, ese tejado, usted, yo, pronombres, sustantivos, palabras obstrusas que se confunden en el devenir de las avenidas plagadas de sino y música de ruidos infernales que viven y son el latir de la ciudad. No entiendo muy bien porqué hago esto, igual estoy aquí, con las palabras interpuestas.
Buena noche.
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