septiembre 20, 2008

Quinta manosucia

Se marcharon con el mismo desorden con el que llegaron horrorizando. Autos sin placas, violencia persuasiva, dominio de fuerza, todo en la misma medida para que fuese normal, al sol se lo tragaba ya la noche, lo que tenía que suceder, sucedería.
Lo asearon, le dieron un número y lo recostaron en una silla. Fatigosamente abrió los ojos y de facto supo donde estaba, no era parte más de un extraño sueño, no podía dormir, ni comer, ni pensar en nada, estaba sedado, era difícil creerlo, leer y leer ocupando el tiempo ya en ello. La rutina fustigante de los días, la calle tan viva, efímera, tan hecha palabras, agolpada en letras, leyendo para recrearla, recordando el olvido como espejo fehaciente de la realidad que ahora lo embargaba conducido por el instinto. Lo amontonaron en un espacio pequeño donde cabía apenas para vivir pocos días, si frío sentía podía cubrirse con una manta verde, si era calor, una pequeña ventana que conducía al patio interior permitía el acceso a tan solo un poco de ventilación.


Cuando la vela por fin hubo muerto, y la pavesa entregado su fabricación, él, al que llamaban humano, desprendió todas sus alegrías para aferrarse al futuro inevitable de su muerte. No tenía por que engañar más sus sentidos, estaba sólo en ese lugar recóndito y sin embargo no había un destino el cual seguir ni cumplir; marcharse, alejarse de su realidad fematera, perfilar su rostro exangüe y aquilino despuntando el alba en ápice de gloria fundamentaba ya su decisión, ni los dioses ni los mal llamados paganos acudirían a su honestidad de mundo aberrado, saldría del infierno sin la ayuda de Virgilio, sólo el muro blanco como una inmensa obra lo detenía de la soledad del mundo, no reconocía la eternidad de las ideas, ni el riesgo vigente de pensar para realizar, simplemente iba, calculando los espacios que tenia que llenar para salir, todo tenia una pausa, una forma y un fundamento, era por eso que estaba ahí, por su falta de peso para marcar las huellas en el mar, sin peso no se vuela, pero demasiado no equilibra.

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