enero 05, 2009

Novena manosucia

manosucia anda por ahí, como siempre, año tras año, día tras día escanciándose en las calles, siendo con las cosas que no son, con las que determinan, con las que no cuentan. Ahora que pasa el tiempo como siempre, es común ver a las personas afanándose por intentar buscar quíen se es, como si tal respuesta estuviese a la mano como la manosucia. manosucia no es poeta, no es escritora, no pinta, no hace música, daría su manosucia el cine y el teatro y por más que lo estudia no sabe nada, no es estudiante de filosofía, no hace historia, no tiene buena ortografía. No es nadaista. No es nihilista. No conoce el mundo más allá de lo que sus pasiones se lo han mostrado, ha sido presa de sus deseos y conoce las eternidades de la soledad en los ojos de sus hermanos, en los ojos de la miseria. Sin embargo gusta de todo, y todo lo hace mal.
Todo en la nada de esta ciudad, ciudad desconocida, ciudad poblada de angustias y desolaciones, de melancolías miríficas de mentiras escondidas, de palabrasjuntasinconexasdeabrileslejanos, de paraderos, de mierda y ciudad, de tierra, cemento y soledad.
Tenia que hacer algo para buscar ayuda, a manosucia le vino un impulso de paranoia que le abordó completamente despacio y sin afán, alterando su percepción radicalmente hasta la alucinación, no entendía ya que le pasaba, mis manos, mis manos, manosucia se repetía, sus manos se derretían, se las llevaba la tierra sin control por la ribera del río, por las palmas y el palacio rosa. Se podría decir que manosucia no tuvo razón de sí por varios días si el conciencia irreflexiva fuese fácilmente maleable, pero estuvo tirada en el pasto delirante muchos más hasta que alguien apareció y la arrastró. La llevó tirada por los dedossucios grandes metros, carecía de fuerza para alzarla, recién comenzaba a conocer sus capacidades y surgía la curiosidad por este hombre de manosucia desconocida que no llevaba ninguna marca ni identificación. La urbe inmensa que alguna vez frecuentó había interfecto, era ya preso de una circunstancia inmanejable, no estaba a salvo en ningún lugar, era una manosucia desterrada sin pasado ni presente, los que la observaban ahora ahí, inmersa en la oblonga yacija esperaban lo peor, y no era su muerte, sino el hecho de que se la llevaran hacia la transformación que se notaba no tenia y no necesitaba. No era uno de ellos, esta manosucia parecía de verdad estar viva aunque sólo durmiese.

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